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BLOG Red2Red

Techo y Comida

by Anabel Suso Araico

2/Nov/2017

En un tiempo en que el debate político en torno a las identidades y los territorios acapara portadas y desplaza la atención de la sociedad, no debemos olvidarnos de lo importante y de lo urgente, de las personas, especialmente de las más vulnerables.

Tiene en torno a 25 años, lleva un pantalón vaquero roído, que no se ha cambiado en días. Es madre soltera de un niño de siete años que sueña ser de mayor jugador de la selección. Lo poco que logra sacar del reparto de folletos de compraventa de oro y de la venta callejera de cosas sacadas de la basura lo dedica a conseguir a su hijo las zapatillas de deporte para poder jugar al fútbol en el cole. No tiene acceso a subsidios ni nada que se le parezca, ni familia a la que agarrarse, tan sólo una vecina que comparte con ellos lo poco que tiene. Ella tiene miedo de que le quiten la custodia de su hijo y por eso su reto es aparentar normalidad; por ello opta por ocultar al médico cuando acuden a la consulta tras el desfallecimiento de su hijo, probablemente por falta de nutrientes básicos, que apenas tienen para hacer tres comidas al día. Vive de alquiler, en un piso que no puede pagar desde hace meses. Tras varios avisos se agotan los tiempos y los procedimientos y llega la orden de desalojo irrevocable. Este momento coincide con el día de la final de fútbol en que la selección española gana el partido y se proclama ganadora de la copa del mundo o de Europa..., la población alborotada saca sus banderas y muestra su algarabía; alegría de fondo que contrasta con el llanto desconsolado de una madre que da la noticia del desahucio a su hijo el día que tanto esperaba.

Se trata de una película de 2015, “Techo y comida”, pero como versa en sus créditos, se basa en hechos más que reales, y me temo que, como suele suceder, la realidad en estas cuestiones tiende a superar a la ficción. Aunque es tarde, me quedo a ver el final de la película; la historia es tan desgarradora que necesito ver que puede tener un golpe de suerte, que hay alguien que les salva. Pero no, la película acaba con una madre y un niño cargados del poco equipaje que la vida les dejó llevar consigo caminando por un sendero a ningún sitio.

La protagonista de esta historia en un momento de la misma acude a una congregación religiosa donde hace cola con otra mucha gente a la espera de que le faciliten algunos alimentos básicos. Sabemos que en España, en 2016, en torno a 1.600.000 personas se beneficiaron de la ayuda de los Fondos FEAD (Fondo de Ayuda a las personas más Desfavorecidas). Ésta es una ayuda a personas que se encuentran en situación de pobreza económica, personas sin hogar y personas en situación de especial vulnerabilidad social. Personas como Rocío y Adrián, que es como se llaman está madre y su hijo forman parte de los 829.187 hogares formados por un adulto, generalmente mujer, con uno o más niños o niñas a cargo que tienen dificultades para cubrir los gastos de la vivienda o dar una alimentación adecuada a sus hijos e hijas, que según la última encuesta de condiciones de vida del INE (2016) tienen una tasa de pobreza del 42,2%, que dobla la de la media del conjunto de los hogares en España.

A través de estos programas de ayuda mediante alimentos se entregan lotes de comidas o se ofrecen comidas cocinadas en los comedores sociales, lo que constituye una pequeña ayuda que, como sucedía en nuestra película, sin duda cumple su papel y contribuye a amortiguar el hambre de una familia por unos días, pero que no soluciona el problema de fondo.

En unos tiempos en que todos los ojos están puestos en el juego político, en movimientos nacionalistas de uno y otro lado que esparcen una niebla densa sobre la realidad, miles y miles de familias siguen luchando cada día por subsistir invisibilizados y ausentes al debate político. Tengamos cuidado con no perder el rumbo ni olvidar lo importante, y por ello no nos despistemos y centremos los esfuerzos de las políticas públicas en buscar muchas y mejores soluciones a las que tenemos, porque el problema de la pobreza persiste muy cerca de todos y todas nosotras a pesar de las esperanzas de la salida de esta prolongada crisis.