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El impacto de tu gestión

Normalmente evaluamos el éxito o fracaso de nuestra gestión profesional mirando sólo hacia adentro de nuestra organización. En la empresa privada medimos en qué grado se han cumplido los objetivos de facturación, el grado de satisfacción de los clientes y, en casos excepcionales, el grado de satisfacción de nuestro propio equipo. En una administración pública, fijándonos sobre todo en el nivel no político de estos organismos, el nivel de autoevaluación es (como máximo) igual de pobre.

Sin entrar en los motivos de esta autoevaluación tan reduccionista, a la mayoría de las personas que nos dedicamos a la gestión de proyectos no se nos escapa que existe un impacto hacia fuera de nuestra organización para cada decisión que tomamos. Evidentemente, el impacto que genera mi gestión no es comparable al que genera, por ejemplo, la gestión de un ayuntamiento. El impacto generado siempre es proporcional al número de agentes cuya actividad (personal o profesional) interacciona o depende en algún ámbito de la entidad de referencia.

Por ejemplo, cuando una administración incumple los compromisos temporales de pago a sus proveedores para no empeorar sus datos de déficit está cumpliendo un objetivo interno y, seguramente, sentenciando a muerte a unas cuantas pymes que dependen de esos pagos para sobrevivir.

Si ponemos en contraposición el valor del objetivo conseguido y el del impacto ocasionado tal vez lleguemos a la conclusión de que el objetivo establecido no fue acertado. O no. Pero lo que no podemos hacer en ningún caso es obviar ese impacto. Convertirlo en invisible.

Finalizo con otro ejemplo y una reflexión abierta. ¿Qué efectos genera la decisión de una administración de utilizar sólo el criterio económico para seleccionar a las empresas proveedoras de los servicios que necesita contratar? Mirando hacia adentro de la organización ahorra gastos. Pero, ¿alguien está mirando hacia fuera? Les daré una pista: precariedad laboral.

Es muy cómodo reducir el balance de nuestra gestión al impacto que genera dentro de nuestra organización, pero también es muy cínico y muy injusto. La ética profesional, la responsabilidad y el compromiso con la sociedad deberían estar siempre entre los objetivos establecidos para la gestión de cualquier proyecto en el ámbito privado. En el ámbito público tenemos la responsabilidad de exigirlo.

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