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Jóvenes que ni trabajan, ni estudian, ni reciben formación: un grave problema social y económico que hay que atajar

Una especial preocupación ha sobrevolado el Consejo de ministros de la UE celebrado los pasados 25 y 26 de noviembre de 2103: los y las jóvenes que carecen de empleo, educación y formación (también denominados NINIs). Según Eurostat en 2012 había en la UE-28 7,7 millones de jóvenes de entre 15-24 años en esta situación, de los cuales más de 860.000 eran españoles.

La condición de NINI está asociada a problemas de inclusión social que incluyen desde el aislamiento, hasta la pérdida de autonomía, la implicación en conductas de riesgo, e incluso estados de inestabilidad en la salud física o mental. Pero además, esta situación de separación de los jóvenes de las trayectorias formativas y del mercado de trabajo puede tener serias consecuencias para la economía. Se estima que en 2011 se generaron pérdidas económicas por valor de 153 billones de euros que siendo conservadores corresponderían al 1,2% del PIB de la UE. A ello se une el cálculo de que la reintegración en el empleo de sólo un 10% de estos jóvenes crearía una ganancia anual de más de 15.000 millones de euros.

La necesidad de actuar, antes de que este enorme (pero nada homogéneo) colectivo se convierta en la desesperanza de Europa, ha marcado las conclusiones de la sesión de trabajo entre los ministros de Educación, Juventud, Cultura y Deportes reunidos en Bruselas. Hay que intervenir de forma urgente y coordinada para reintegrar a estos jóvenes al sistema educativo, formativo y laboral y por ende a la vida social. Partiendo de las recomendaciones sobre el programa de Garantía Juvenil que se adoptaron en abril de 2013 parece que toca pasar de los buenos deseos a medidas concretas de actuación operativas y eficaces.

Es cierto que propiciar la ciudadanía activa, el voluntariado o los aprendizajes formales e informales pueden contribuir a paliar este problema. Pero sobre todo sigue haciendo falta actuar tanto en las políticas construyendo puentes sólidos entre los sistemas educativos y laborales, como en las personas promoviendo la autoconfianza del joven, el capital social y las habilidades de carácter técnico que fomentan la empleabilidad. Y todo ello con una metodología flexible y particularizada a las necesidades de estos y estas jóvenes.

Además de fomentar el estudio de la situación, la evaluación de los programas que ya se hayan puesto en marcha y la compartición de las buenas prácticas, es preciso activar mecanismos de cooperación transversal entre los diversos agentes sociales que pueden intervenir en la reconducción de estas trayectorias (decisores políticos, educadores, empleadores, familias, movimiento asociativo, etc.), sin perder de vista que las políticas para jóvenes deben contar con la participación de los propios jóvenes en su diseño.

Deben articularse medidas preventivas y paliativas. Se buscan fórmulas ingeniosas de actuación, pero también la implementación de actuaciones que han funcionado en programas piloto o en otras realidades. Desde dedicar nuevos recursos a la educación y cuidados en la infancia, la orientación de la enseñanza básica al aprendizaje por competencias, la adopción de sistemas de alerta con soluciones de reorientación más a la medida, la mejora de la relación entre las familias y la escuela o la incorporación del aprendizaje inter-pares, hasta acciones de transición entre la vida educativa y la laboral con orientaciones a modo de coaching, visitas prácticas a empresas desde etapas tempranas de la educación o las estancias en empresas de otros Estados miembros que propone el nuevo Erasmus+ para reforzar no sólo la movilidad y la empleabilidad sino también competencias sociales y cívicas.

La Comisión ha invitado a los Estados miembros a activar soluciones para hacer frente a este grave problema. España (cuya tasa de NINIs entre la población de 15 y 24 años es del 18,8% superando en 5,6 puntos porcentuales a la de la UE-28) está ultimando su Plan de Ejecución de la Garantía Juvenil con el objetivo de que las personas con edades entre los 15 y los 29 años reciban en el plazo de 4 meses una oferta de formación y/o de empleo. Se estima que nuestro país contará con más de 900 millones de euros de la Iniciativa de Empleo Juvenil para actuar en los próximos dos años, cantidad que previsiblemente se duplicará con aportaciones del Fondo Social Europeo como parte de un nuevo Programa Operativo de Empleo Juvenil con dotación para el periodo 2014-2020. No faltan ideas ni apoyos, por lo tanto, no perdamos la esperanza.

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