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Los grandes olvidados: las y los parados mayores de 45 años

Si bien desde todas las administraciones y especialmente desde las instituciones europeas se viene insistiendo en las últimas décadas, y de manera más intensa en los últimos años de crisis, sobre la gravedad del problema del desempleo entre las y los jóvenes, una vez más “los árboles están impidiendo ver el bosque” en su conjunto, no dejándonos calibrar la medida en que el desempleo se distribuye en el conjunto de la población y las graves consecuencias que implica para otros segmentos de edad.

La evolución de los datos de la EPA permite observar el espectacular crecimiento de la población parada de más de 45 años: si bien en el primer trimestre de 2007 eran en torno a 422.000 las personas paradas de esta edad, en el mismo trimestre de 2014 se ha más que cuadruplicado su número, llegando a los casi dos millones de personas paradas (el 32% del total); datos también reflejados en el gran crecimiento de su tasa de desempleo, que ha pasado de en torno al 6% antes de la crisis a una media del 20% este año.

La particular gravedad de la situación de las personas de este grupo de edad viene explicada por la tendencia a la cronificación de su situación de desempleo (un 70% lleva más de un año en desempleo y más de la mitad supera los dos años), con lo que ello implica de riesgo de exclusión del mercado laboral, y de progresiva incorporación a las bolsas de pobreza y exclusión social en un contexto de creciente recortes en el sistema de protección social. Todo ello teniendo en cuenta de que en la mayor parte de los casos estamos hablando de personas con cargas familiares sobre sus espaldas.

No obstante las dimensiones del problema del empleo de las personas de edad avanzada difiere notablemente en función del género, atendiendo a su diferente socialización en el mercado laboral, lo que implica análisis y tratamientos diferentes. En este sentido, el incremento de la población desempleada en este tramo de edad está asociado también a la incorporación de numerosas personas inactivas, en su mayor parte mujeres, muchas de las cuales se incorporan por primera vez al mercado laboral en busca de un trabajo que complete los ingresos familiares ante el descenso de rentas por el desempleo del resto de los miembros de la unidad familiar.

Los diversos estudios realizados en torno a la situación de las personas de edad avanzada en el mercado laboral ponen de manifiesto que la posibilidad de abandonar la actividad laboral a partir de los 45 años no es un fenómeno coyuntural, sino que tiende a convertirse en un fenómeno estructural, agravado en situaciones de crisis. Las razones que explican la creciente expulsión del mercado de trabajo de personas mayores de 45 años radican en el perfil atribuido a este tipo de trabajadores, asociado, de una o de otra manera, a su edad.

La práctica en la gestión empresarial de utilizar la edad como criterio se habría instalado en las lógicas de actuación empresarial; tendencia difícilmente reversible en la medida en que prevalezcan determinados estereotipos negativos en torno al envejecimiento en el empleo. A medida que los trabajadores envejecen se estarían convirtiendo en el primer recurso para hacer frente a los problemas de la empresa en virtud de una imagen desvalorizadora, centrados en tres ejes básicamente: el incremento de la productividad, la reducción de los costes salariales y la flexibilidad del personal.

A pesar de la insistencia por parte de las principales instituciones con capacidad de influencia en el ámbito del empleo en torno al desarrollo de una política que adopte el enfoque de la gestión de la edad y del envejecimiento activo, atendiendo al despilfarro que supone prescindir del capital humano de estos trabajadores en un contexto de crecimiento de la esperanza de vida y de retraso de la edad de jubilación, los datos de empleo y las tendencias de gestión de la mano de obra no hacen albergar grandes esperanzas al respecto.

En este sentido, si bien las y los trabajadores de edad avanzada han sido tradicionalmente un grupo destinatario de la política de empleo en España a través de subvenciones a la contratación, de la bonificación de las cotizaciones sociales, junto con medidas de índole asistencial, las sucesivas reformas laborales han ido eliminado la mayor parte de este tipo de ayudas al acceso y mantenimiento de las y los trabajadores mayores en el mercado laboral, reduciendo incluso su protección social. A pesar de la aprobación, respondiendo a las exigencias de la Unión Europea, de planes como la “Estrategia Global para el Empleo de los Trabajadores y las Trabajadoras de Más Edad 2012-2014” (la llamada Estrategia 55 y más), y de “medidas para favorecer la continuidad de la vida laboral de los trabajadores de mayor edad y promover el envejecimiento activo” (Real Decreto-ley 5/2013, de 15 de marzo), las actuales políticas activas de empleo están desprovistas de mecanismos y herramientas que permitan intervenir eficazmente sobre esta realidad.

Es por ello que la Administración General del Estado está llamada urgentemente a asumir e implementar junto con las Comunidades Autónomas políticas activas de empleo destinadas a promocionar el empleo y el acompañamiento de las personas desempleadas mayores de 45 años desde un prisma renovado, que intervenga sobre las variables que determinan su situación de desempleo, así como sobre las empresas.

De nuevo los fondos europeos del próximo periodo 2014-2020 ofrecen una oportunidad para experimentar e invertir en políticas innovadoras socialmente que intervengan sobre estas necesidades no cubiertas, mediante actuaciones en red, articuladas a través de la colaboración de múltiples actores.

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